Presencia del género del terror en las artes visuales
por Dany Barreto
 
Ken Kagami    
 


En Buenos Aires todos los veranos la gente se queja del calor, apenas sube la temperatura a 30 grados se escuchan todo tipo de lamentos.
Las ventas de aire acondicionado explotan. Cuando los noticieros anuncian la sensación térmica provocan más miedo que si estuvieran informando sobre una posible invasión marciana.
En el Japón del siglo XVIII, las altas temperaturas de los palacios se bajaban colgando cuadros o grabados terroríficos que provocasen escalofríos, helasen la sangre, y disminuyeran la temperatura corporal con solo mirarlos. Esto ocurría durante agosto, y en general la temática era fantasmal: los cuadros eran acompañados de cuentos narrados para acentuar ese estado, y vivir durante los días veraniegos un poco más frescos pero asustados.
Actualmente se puede visitar el templo sintoísta de Zenshoan, al sur de Tokio, que tiene una colección privada de 50 pinturas de seda que representan una variedad de fantasmas y apariciones terroríficas del período Edo.

El mecanismo que desata el miedo se encuentra en el cerebro, es el encargado de regular las emociones y las funciones de conservación. Este sistema revisa de manera constante, incluso durante el sueño, toda la información que recibe a través de los sentidos. El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos: incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre y la actividad cerebral. La sangre fluye a los músculos mayores, sobretodo a las extremidades inferiores, en preparación para la huída, y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, especialmente adrenalina.

En el cine y la literatura, es muy fácil encontrar artistas que trabajan el género de terror. Podríamos enumerar cientos de nombres y otros tantos títulos que pasaron a la historia por hacernos sufrir de miedo durante un par de horas en una sala de cine o en la tele, y días o semanas con un libro, en muchos casos marcándonos de por vida.
En el arte contemporáneo no es tan fácil, no hay tantos artistas a los que les guste provocar miedo. Las pinturas, fotos, esculturas, instalaciones y videos pueden provocar terror, pero casi nunca se concentran en ese estado, inmediatamente nos llevan hacia otra zona o alivianan esa sensación al apuntar hacia lecturas conceptuales, o relacionar lo que vemos con algo filosófico, religioso, psicoanalítico, cultural, moral o político.
Sí, el escalofrío en el arte contemporáneo es más difícil de provocar. Pero también existe.
En la parte más profunda de la dermis se encuentran las glándulas sudoríparas, el tejido graso, los bulbos pilosos y una fina musculatura que opera sobre los poros, dilatando y contrayendo esos diminutos orificios con la finalidad de mantener la temperatura. Si hay un exceso de calor, se abren para liberar sudor y contribuir al enfriamiento. Si hay una falta de calor se contraen para evitar la pérdida de más calor, los poros se cierran, y la piel forma un bulto alrededor de cada folículo y el pelo se eriza, dando como resultado la piel de gallina.

Artistas contemporáneos que pueden lograr poner la piel de gallina: Ken Kagami (1974). Este japonecito perverso hace unas obras con unos muñecos infantiles que alguna vez fueron inocentes y ahora intervenidos son siniestros, provocan cierta desconfianza, como si de golpe fueran a despertar al mejor estilo “Chucky” para atacar o vengarse con el primero que se les cruce. Marnie Weber (1959), de EEUU, polifacética artista que realiza esculturas, fotografías, performances y videos con tintes tétricos y oníricos, como “A western song”, donde aparecen varias chicas vestidas a lo "Baby Jane", fantasmales, enmascaradas como muñecas inexpresivas y entrenadas para ser muy malas. La islandesa Gabriela Fridriksdottir (1971), conocida por haber trabajado con Björk, tiene producciones fotográficas y videos con personajes espeluznantes que llevan sospechosas máscaras caseras que hacen que nadie quiera averiguar cómo son sus rostros verdaderos. Otros artistas que abordan lo terrorífico son: Dr Lakra, Christian Jankowski, Noe Sendas, Terence Koh, Izima Kaoru, Des Hughes y varios más que Francesca Gavin juntó en un libro que se titula “Hell bound”.
Pero todos parecen bebés de pecho si los comparamos con los accionistas vieneses que fueron los que más se zarparon a la hora de meter miedo, entre 1960 y 1971. Se recuerdan por lo violento de muchos de sus trabajos, en los que se realizaban sacrificios de animales, rituales orgiásticos con sangrientas prácticas sexuales, simulacros de mutilación genital o violaciones. Entre sus principales representantes se encuentran Günter Brus, Otto Mühl y Hermann Nitsch.
En nuestro país Eduardo Basualdo (1977), con sus bolsas de consorcio negras en cuyo interior un bulto desconocido agoniza para siempre, puede resultar tan macabro como la bolsa con los restos de un antiguo novio de la protagonista de “Audition”(1999) de Takashi Miike.
Y otro que adscribe al canon es Marcelo Bordese (1962), con sus pinturas de crucifixiones de cuerpos atrofiados, torturados, que vomitan, defecan y eyaculan monstruos como salidos de “Alien, el octavo pasajero”.
A fines de 2011, en Rosario, el río Paraná no alcanzaba para refrescar el Macro, entonces Magalí Pallero curó “Gore.
El hombre es esta noche”. La estética gore halla su definición en la representación violenta de la sangre y la muerte. Aunque sea un término cinematográfico, el arte contemporáneo también ha dado sus frutos truculentos. Participaron en esta muestra: Arturo Aguiar, Darío Ares, Marcelo Bordese, Nicola Costantino, Mauro Guzmán, Marcos López, Sebastián Pinciroli, Thaís Zumblick y Oligatega.

Para combatir el calor durante el verano mejor que quejarse es coleccionar obras que provoquen escalofríos. Basta de tenerle miedo a comprar arte, generemos un nuevo mercado, -en lugar de comprar tantos aire acondicionados, que no son baratos, hacen mal y son feos.
Si no tienen claro cuales son sus miedos, hagan una lista como Alfred Hichtcock: "Me asusto fácilmente. Aquí está una lista de lo que me hace producir adrenalina: 1) Los niños pequeños. 2) La policía. 3) Los lugares altos. 4) Que mi siguiente película no sea tan buena como la anterior".





Compartir

 

 

Marnie Weber    
 
     
  SUMARIO  
Año 3 - Numero 27
Tapa
Editorial + Staff
Mercado no es mala palabra
Entrevista a Julia Converti
por M.S.Dansey
     
Producción fotográfica
por Cecilia Estalles
     
Arte acondicionado
Presencia del género del terror en las artes visuales
por Dany Barreto
     
De Timbuktu a Punta Querandí
Sobre la utilización de la noción de patrimonio cultural
por Juan Batalla
     
Hacele click a Berni
Entrevista a A. Lauría y E. Llambías por el CVAA
por Mariano Soto
     
Abrir el paraguas antes de tiempo
Un pensamiento de verano
por Guido Ignatti
     
La moda como una nueva tendencia del arte
Mirada sobre una relación en auge
por Yudi Yudoyoko
     
The artist is present
Acerca del film documental de HBO sobre Marina Abramovic
por Hernán Marina
     
Dr. Selva & Kid Yarará
"Los besos" – Cómic
por Charlie Goz y Mari Bárbola
     
  EDICIONES ANTERIORES  
números completos online
     
   
    revistasauna.com.ar - revista de arte | copyright 2011 - Todos los derechos reservados | sauna@revistasauna.com.ar | diseño: Tomas Tepp - desarrollo web: Charlie Goz